El antes y el después de la Misión Cultura por Manuel Reina Leal

   

 Graduación de Egresados de la Misión Cultura en el Teresa Carreño -19 de Marzo 2009


--- Unidad en la diversidad, consenso en la discusión y firmeza en la acción: Unidad, unidad y unidad. Esta es la consigna que debe prevalecer entre las trabajadoras y los trabajadores de la Fundación Misión Cultura.

A partir del 3 de enero de 2026, la incertidumbre nos ha equiparado y el temor hacia un horizonte desconocido nos ha unido. Nos encontramos vulnerables ante el discurso de una «Venezuela que renace», cuyas verdaderas implicaciones casi desconocemos. Estamos frente a una encrucijada histórica y de nuestro criterio depende tomar la ruta adecuada.

Resulta indispensable mantener la claridad: que las cosas cambien tras este «renacer» no significa automáticamente que vayan a mejorar. Se avizora una compleja disputa económica, política, social y esencialmente cultural. Las medidas laborales contra los trabajadores de la Fundación Misión Cultura a nivel nacional evidencian el tipo de transición promovida por sectores alineados con los «bachacos fundillúos» panas «burdas» de la langosta naranja —como diría Alí Primera—

El aspecto revelador de este momento es que nos confronta de manera directa con una realidad adversa; no obstante, nuestro compromiso es defender una realidad distinta.

Como facilitador de la Misión Cultura desde sus orígenes en 2005, mantengo vivo el recuerdo de los tres pilares fundacionales del proyecto:

  1. El Primer Censo del Patrimonio Cultural Venezolano.

  2. La constitución de una red nacional de activadores y activadoras culturales.

  3. El registro sistemático de las historias locales.

Estos ejes buscaban fortalecer la autoestima colectiva, afianzar la identidad y estructurar un tejido comunitario capaz de preservar nuestras expresiones autóctonas.

El registro patrimonial permitió visibilizar manifestaciones tangibles e intangibles antes ignoradas. Mientras el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) contaba con un inventario de apenas 6.000 bienes, la labor comunitaria elevó la cifra a más de 62.000 registros nacionales. En paralelo, la Misión Cultura formó a más de 19.000 activadores y documentó más de 3.000 historias locales, destacando experiencias como la de la Alcaldía del Municipio Torres (Carora, Lara), que editó dos tomos dedicados a la memoria de su territorio.

 

La memoria como patrimonio vivo

 El patrimonio inmaterial es sumamente vulnerable. Sin embargo, constituye el fundamento central de la diversidad cultural. Se trata de la memoria oral y afectiva de los pueblos que, de no contar con mecanismos de salvaguardia, corre el peligro de desaparecer. Somos en la medida en que recordamos; el olvido equivale a la extinción.

La Misión Cultura alcanzó los territorios más remotos del país. La articulación de sus tres ejes constituyó un hito de gestión cultural que transformó a las culturas populares, pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes, estableciendo un hito incuestionable en la historia cultural venezolana. (M.R.L)

Manuel Reina Leal 

 22/10/2026


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